Viajando sola y sin billete de vuelta

Quedan 2 días (diciembre de 2019) para que me suba al avión destino Delhi, sola y sin billete de regreso y me recorre un remolino de emociones, en gran parte positivas pero también contradictorias. He preparado este viaje durante mucho tiempo, el viaje que siempre he querido hacer y que incluso, durante mucho tiempo, pensé que nunca haría porque yo misma lo abandoné en un desván, dejando que se cubriera de polvo para ver si así desaparecía, sin embargo permaneció. Y ahora, ha llegado el momento.

Despedirse de las personas que quieres de forma indefinida es lo más difícil, especialmente, de la familia. No puedo evitar sentir miedo y tristeza por lo que pueda pasar mientras no esté y ahí va el primer aprendizaje de esta aventura: trabajar el desapego y vivir el ahora.

Sin embargo, después de haberme sentido esclava de la rutina, los horarios y la vida pegada a un teléfono, saber que me marcho sin fecha de vuelta, ni obligaciones futuras; pensar que no hay nada planificado, ni va a estarlo durante meses; sentir que todo esta por escribir, ver, suceder… me da un subidón de adrenalina y felicidad incomparable a nada. Me hace sentirme la persona más libre del planeta.

No sé cuánto va a durar, si habrá un antes y un después, si echaré de menos mi actual vida o si no querré dar marcha atrás jamás. Lo que sé es que voy a vivirlo y a darme la oportunidad de elegir. Y que cada vez que eche la vista atrás, sentiré muchas cosas distintas pero nunca el mal sabor de una cuenta que quedó pendiente, la frustración de lo que quizás pudo haber sido y no fue, nunca la pena de haberme perdido algo maravilloso por el miedo al no saber cómo saldrá, cuánto durará o lo que vendrá después.

Bienvenidas sean las emociones fuertes, las personas que me atraviesen y los lugares que me hagan vibrar. Quiero vivir intensamente aunque signifique desgastarme mil veces y volver a empezar.

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